
La Primera Federación se viste con sus mejores galas para una Jornada 24 que promete emociones fuertes desde el primer pitido inicial a las 12:00 horas.
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12:00 | Zamora – Barakaldo
16:00 | Ibiza – Sabadell
El aroma a fútbol auténtico impregna cada rincón de los estadios, donde la lucha por el ascenso y la angustia por la permanencia convergen en una mañana de transistores y nervios a flor de piel. Los campos de la categoría de bronce se convierten en auténticas ollas a presión, con aficiones que saben que cada punto en esta fase del campeonato vale su peso en oro. El fútbol de barro, esfuerzo y pundonor se despliega por toda la geografía, recordándonos que la esencia de este deporte reside en la cercanía y la pasión de sus barrios y ciudades.
En los duelos matinales, el ritmo es vertiginoso desde los compases iniciales. Los equipos locales intentan imponer su ley mediante una presión alta que asfixie la salida de balón de sus rivales. La intensidad es la nota dominante en el centro del campo, donde los balones divididos se disputan con una garra que define a la perfección esta categoría. Los banquillos echan humo mientras los técnicos ajustan sus pizarras para frenar las transiciones rápidas de unos visitantes que no han venido a especular. El Real Madrid Castilla, el Deportivo de La Coruña o el Castellón, dependiendo del grupo, buscan imponer su jerarquía técnica frente a bloques defensivos graníticos que venden muy cara su derrota.
A medida que avanza la jornada, los goles empiezan a saltar de un estadio a otro, alterando la clasificación en tiempo real. Un remate de cabeza en un córner, un zapatazo desde fuera del área o un error forzado por la fatiga física pueden cambiar el destino de una temporada entera. El sentimiento de pertenencia se palpa en cada cántico de las gradas, donde los seguidores empujan a sus jugadores en los momentos de flaqueza. Los guardametas se erigen en héroes inesperados con paradas imposibles, mientras que los delanteros acechan cualquier balón suelto con el hambre de quien busca la gloria en el fango de la competición más igualada del panorama nacional.
Entramos en el tramo decisivo de los encuentros de mediodía con las fuerzas al límite. La 1ª RFEF demuestra por qué es una categoría tan impredecible y vibrante: aquí nadie es pequeño y cualquier favorito puede morder el polvo si baja la guardia un solo segundo. Los últimos minutos son un ejercicio de resistencia heroica y fe inquebrantable. El pitido final en los distintos feudos deja un rastro de alegría desbordada y decepción contenida, cerrando una mañana de domingo donde el fútbol modesto ha vuelto a demostrar que su grandeza no reside en los presupuestos, sino en el alma de quienes lo disputan.





