
Preparen el café y las alarmas, porque la jornada en las antípodas nos reserva para esta madrugada, aproximadamente a las 03:30 hora peninsular, uno de esos duelos que prometen más espectáculo que ortodoxia. Carlos Alcaraz,
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El prodigio de El Palmar y uno de los máximos favoritos a levantar la copa, se enfrenta al francés Corentin Moutet, un tenista que vive en la fina línea entre la genialidad y la locura. No se trata simplemente de un trámite en el cuadro para Carlitos, sino de una prueba de madurez mental ante uno de los rivales más incómodos y atípicos del circuito, capaz de convertir una pista de tenis en un escenario teatral donde la lógica del ranking a veces pierde su validez.
Sobre el papel, la diferencia de potencia de fuego es abismal a favor del español, quien llega con la maquinaria engrasada y soltando latigazos de derecha que viajan a velocidades prohibidas. Su objetivo será imponer un ritmo alto, acortar los puntos y evitar caer en la “telaraña” táctica del francés. Sin embargo, Moutet no juega al tenis convencional; el zurdo parisino es un artesano del desorden que evitará el intercambio de golpes directos a toda costa. Su estrategia será la de la guerrilla: bolas cortadas sin peso, globos defensivos que tocan el techo del estadio, dejadas milimétricas y, muy probablemente, algún saque por abajo si ve a Alcaraz restando demasiado lejos de la línea de fondo.
La verdadera batalla para Alcaraz será mantener la cabeza fría ante el caos propuesto por su rival. Moutet es experto en sacar de quicio a sus oponentes, rompiendo el ritmo constantemente y gesticulando para llevar el partido a su terreno emocional. Si el murciano logra aislarse del show, atacar con decisión el revés del francés y dominar la red, su superioridad debería imponerse con claridad. Pero si entra en el juego psicológico y la frustración aparece ante los efectos extraños de la bola, la noche podría complicarse. A las 03:30, España duerme, pero el tenis despierta con un duelo de estilos que garantiza entretenimiento puro.





