
El ambiente en el Rotterdam Ahoy es de una solemnidad eléctrica, propia de las citas que marcan una era en el circuito.
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A las 14:30 horas, las luces del estadio se centran en el rectángulo azul donde se decidirá el campeón del ATP 500 de Rotterdam. En un lado de la red, el australiano Alex de Miñaur, el “Demonio”, que busca romper su maleficio en este torneo tras alcanzar su tercera final consecutiva. En el otro, el canadiense Félix Auger-Aliassime, un especialista en condiciones bajo techo que llega con una racha de ocho victorias seguidas y la confianza por las nubes tras conquistar Montpellier hace apenas siete días. Es el duelo soñado: el primer cabeza de serie frente al segundo, la defensa inquebrantable contra el ataque demoledor.
Desde el primer intercambio, queda claro que no habrá tregua. De Miñaur despliega su característica movilidad, convirtiéndose en una pared humana que devuelve pelotas imposibles, obligando a su rival a jugar siempre una bola más. Por su parte, Auger-Aliassime impone su ley con el servicio, conectando saques que superan los 200 km/h y buscando dominar con su derecha invertida. La velocidad de la pista indoor favorece los tiros planos del canadiense, pero la capacidad de anticipación del australiano equilibra la balanza. Cada juego es una partida de ajedrez físico donde la resistencia y la precisión táctica se llevan al límite absoluto ante la mirada atenta de miles de aficionados.
El primer set se decide en los detalles mínimos, con ambos tenistas salvando situaciones de break point con una entereza mental admirable. Félix intenta acortar los puntos subiendo a la red, mientras que Alex confía en sus piernas para alargar los peloteos y forzar el error no forzado del norteamericano. La tensión se palpa en el silencio del estadio antes de cada saque, roto solo por el estallido de la pelota contra las cuerdas. Es un tenis de alto voltaje, donde el ranking queda en un segundo plano y solo importa quién es capaz de mantener la calma en los momentos de máxima presión, allí donde los campeones se diferencian de los finalistas.
Entramos en el desenlace del encuentro con el marcador en un puño. El desgaste físico empieza a pasar factura, pero el orgullo mantiene a ambos contendientes en pie. De Miñaur busca su primer título en Rotterdam para hacer historia en el tenis australiano, mientras que Auger-Aliassime quiere reafirmar su dominio en la gira europea bajo techo. Es una oda al tenis moderno: potencia, agilidad y una fortaleza mental a prueba de bombas. El público se pone en pie para aplaudir un intercambio de más de veinte golpes que termina con un ganador de pasante inverosímil. Gane quien gane, el tenis ha salido victorioso hoy en una final que quedará grabada en los anales del ABN AMRO Open.



